Conoce las fabulosas vidas de estas mujeres y hombres que nos siguen inspirando a viajar
Hubo una época en la que había espacios vacíos en los mapas. Eran extensiones geográficas por conocer y conquistar: el espacio ignoto. El camino para alcanzarlo estaba lleno de riesgos y aventuras. El éxito no estaba asegurado, pero la recompensa era el descubrimiento.
Hoy el mundo se nos representa sin espacios vacíos y el mapamundi es abarcable casi por completo. De hecho, la tecnología abre ventanas al planeta para que lo observemos sin necesidad de salir de casa. Aun así, la aventura nos sigue seduciendo como lo ha hecho a lo largo de toda la historia de la humanidad. Necesitamos conocer el mundo en directo, continuamos teniendo las mismas inquietudes de los que fueron pioneros en el viaje. Es por ello que sus vidas nos siguen inspirando y seguimos recordándoles como unos héroes.
Por supuesto, también han existido pioneras en el mundo de los viajes. Hay una gran cantidad de mujeres que rompieron los estrictos moldes sociales de su época y se lanzaron a viajar. Aunque siempre se les ha prestado menos atención que a los hombres. Tal vez porque la historia la escribieron ellos, o tal vez porque ellas no tenían la necesidad de batir plusmarcas ni de buscar la fama, sino que su éxito se basaba en ampliar las esferas de libertades personales. Afortunadamente, cada vez hay una mayor bibliografía que recoge la vida de muchas de ellas, como por ejemplo el imprescindible Viajeras intrépidas y aventureras, de Cristina Morató.
EL PADRE DE LA HISTORIA
Heródoto, el padre de la historiografía, fue un gran viajero. Gracias a sus múltiples viajes logró escribir su Historiae (Los nueve libros de historia), considerado la primera descripción del mundo antiguo. El griego dejó escrito: "para que el tiempo no abata el recuerdo de las acciones humanas y que las grandes empresas acometidas, ya sea por los griegos, ya por los bárbaros, no caigan en olvido". Y parece que lo logró, ¿verdad? Por lo menos aún estamos hablando de él, y eso que vivió entre el 484 a. C. y el 425 a. C.
LAS MARAVILLAS DEL MUNDO
Durante la Edad Media el mundo era muy difícil de recorrer, y sin embargo fue un periodo de grandes viajeros. Entre los más conocidos se encuentra Marco Polo. El Veneciano escribió el Libro de las Maravillas del Mundo que sirvió de inspiración al mismísimo Cristóbal Colón. Con su relato dio a conocer las tierras de Asia central y China, y puso en el mapa la mítica Ruta de la Seda. La ilustración aparece en el Atlas catalán, una obra de 1374, y representa una de las caravanas de Marco Polo.
SIMBAD EL MARINO
Zheng He (1371 - 1433) fue el más grande de los viajeros chinos. Sus viajes, hasta siete expediciones en barco, le llevaron a navegar por el Sudeste Asiático, Indonesia, Ceilán, la India, el golfo Pérsico, la península Arábiga y el este de África. Algunos lo identifican con el legendario Simbad el marino. En descripciones de la época describieron sus ojos "tintineantes como la luz en un río rápido". Seguro que, además, esos ojos vieron auténticas maravillas, como la jirafa que llegó en una de sus flotas como presente desde Bengala para el emperador chino.
EL ENCUENTRO CON UN NUEVO MUNDO
Sus cuatro viajes a América cambiaron el mundo para siempre. En realidad, tal como es sabido, Cristóbal Colón buscaba el lejano oriente con una ruta alternativa que evitara los problemas que habían encarecido el comercio entre Europa y las regiones orientales. Su idea era que el extremo oriental estaba mucho más cerca de lo que en realidad decían los cosmógrafos de la época. Debido a tal error, durante su navegación se encontró con algo inesperado: América, o las Indias, como se denominó el continente hasta la publicación del Planisferio de Martín Waldseemüller, en 1507.
BUSCANDO UN PASO
Entre los grandes mitos de la navegación, encontramos a Fernando de Magallanes (1480-1521). El portugués fue protagonista de grandes gestas en la época, como el descubrimiento del "estrecho de Todos los Santos" (hoy en día estrecho de Magallanes) que les permitió rodear el continente americano al unir los océanos Atlántico y Pacífico. El escorbuto no pudo con él; pero un enfrentamiento con indígenas acabó con su vida, quedando muy cerca de un gran logro: ser el primero en dar la vuelta al mundo, la proeza correspondió a Juan Sebastián Elcano.
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